Archivos diarios: junio 29, 2014

El Tigre

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El Tigre

 

El rosa en el cielo de cierta forma desentona con el frío clima, mi abrigo es mi mejor amigo, estoy solo, conociendo la capital imperial.  En mil fuegos se cocina la comida de los callejeros, he visto cocinadas cosas que no sabía que se podían comer.  Hay comida de todos los precios. Soy curioso y aventurero, pero hay comidas a las que no me atrevo. La ciudad celestial es un imán para los forasteros que traen con ellos sus costumbres; yo mismo soy uno de ellos, busco tallarines y ojalá huevos frescos.

Comida buena— me dice con ese idioma que se usa con los extranjeros, que seguramente acostumbran comer insectos crudos o entrañas de animales salvajes y no saben el significado de la palabra gastronomía.

Prueba, yum, yum, sabroso – Sonriendo, me muestra un lugar desocupado. Es bonita, le pregunto el precio y diciendo barato, barato, me muestra dos dedos. Me siento y pone frente a mí un tazón de sopa aun hirviendo, encuentro fideos y huevos. El cuerpo arranca a comer sin preocuparse de los temores de su dueño. Estoy hambriento.

Me demoré con el té, fue solo después de terminar de comer que lo vi; había cenado al lado del más feo y viejo de los perros. Le tiré un fideo, pero él lo ignoró y prefirió seguir viendo aburrido al mundo con sus ojos somnolientos.

¿Es suyo ese perro?—le pregunté y ella me dijo que cuando llegó a ese lugar ya el perro estaba ahí, que se movía muy poco debido a lo viejo que estaba y que dormía en ese mismo lugar.

Solo por conversar le pregunte por el nombre del perro y ella lo llamó “tigre” varias veces mimosamente, halándole las orejas, pero el viejo perro no se movió.

He conocido extranjeros que se comen a los perros, dos locales más allá los preparan, dicen que es medicina para no sé qué enfermedad, aún estando tan viejo, los he visto mirándolo con aprecio; me han ofrecido veinte monedas por él. Cuando lo conocí hace dos años ya estaba viejo, creo que perdió el olfato y que se está quedando ciego.

La curiosidad me empujó a preguntarle porque lo llamaba tigre y sonriendo me dijo: se lleva bien con los gatos y solo come carne cruda; en dos años siempre he podido darle algo. Creo que  el emperador del cielo lo protege, todos sabemos que la mascota del emperador del cielo es un tigre.

Después de dejarle pagada la cena, le eché un último vistazo al tigre, que parecía que ya dormía.

 

Para Edgar

VABM 29/06/2014

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