Archivos Mensuales: julio 2014

Perdiendo el tiempo

Floating leaf and reflection, Harrisonburg, Virginia

Perdiendo el tiempo

Llueve

Pero sé que detrás de la lluvia

La montaña aun está


A veces olvido que ya no estás

Pero siempre eres

Pero serás siempre


Cada vez que llueve

Cada vez que veo girar al mundo

Aferrado a una taza de café


Tengo sal

Tengo un cuchillo de pedernal

Sé cazar


Pero no tengo hambre

Porque mi carne solo quiere

Un poco más de tu tiempo


Solo contigo

Me ha parecido bonito el mar

Ese despiadado exceso


Solo contigo

Mi vida no ha sido solo

Una acumulación de malos recuerdos


Solo contigo

Me ha gustado ser

Me ha gustado estar


Si no puedo estar contigo

Me la voy a pasar

Perdiendo el tiempo escribiendo


Las hojas flotan en el océano del viento

Pero la mayoría termina en el basurero

Muy pocas de ellas llegan al mar


Para Elia

VABM  26/07/2014

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El Dios de los G’Han

El Dios de los G’Han

 

La guerra me llevó al país de los G’Han, la amistad de su líder me era imprescindible para cruzar por su país y atacar el flanco norte del ejercito del país de los T’Zhu, mis verdaderos enemigos.

Varias veces tuve el privilegio de ser recibido por el líder de los G’Han, que atendió nuestras solicitudes de aprovisionamiento, lugares para acampar y prioridad en el uso de caminos y puentes, con la resignación de quien se alía con el menos detestable de los enemigos, cuando ya se está obligado a elegir bando, en una guerra ajena, en la que nada se puede ganar.

Rápida pero sigilosamente coloqué mis tropas en posición ventajosa y en menos de una semana estuve listo para atacar el descuidado flanco de mis enemigos, pero me parecía demasiado fácil tomar por sorpresa al descuidado batallón de guardias fronterizos; había algo que no me gustaba, aunque los espías me aseguraban que el enemigo no sospechaba nada y no había más tropas destacadas en esa área.

Decidí el ataque para el siguiente amanecer, pero no se lo comuniqué a nadie, mis escribas prepararon las órdenes, pero no las sellé, no fueron  enviadas; había algo que no me cuadraba en la fácil victoria que al parecer me esperaba. Estaba tratando de encontrar indicios de lo que vendría, en el color y configuración del cielo, cuando un jinete me trajo la invitación a cenar con el líder de los G’ Han. Tuve que aceptarla.

Mi traductor, lívido de terror, embelleció mis saludos al líder que los recibió como las merecidas alabanzas a su grandeza y majestad. Mi ordenanza había perdido su brillo una vez que tuvimos que entregar nuestras armas al primer círculo de la guardia, yo estaba seguro de poder romper el cuello del líder con mi mano izquierda, pero también estaba seguro que un dardo me atravesaría cuando me acercara a menos de dos pasos de él.

–Dos bolsas de monedas que no son de oro, por entrar a una guerra en la que su enemigo no lo es mío, es muy poco—me dijo levantando una copa.

–Su alteza tiene razón, como siempre, estoy tratando que mi emperador me autorice una mejor gratificación, el mensajero debe llegar con la respuesta y el regalo en dos días—le respondí tratando de obtener tiempo, pues pensaba que en un par de días estaría del otro lado de la frontera.

–Comamos entonces— dijo sentándose y me envió algo de su plato, que mi ordenanza devoró con la finalidad de evitarme el disgusto de verlo.

Me entretuve con una naranja y vino de mi propia bota mientras esperaba que el líder terminara de  cenar y me dijera por lo que me había invitado.

–Iniciar una batalla sin consultar al Dios antes, no es recomendable—me dijo después que eructó para indicar que se podían retirar los platos.

–Al dios no le gusta ser ignorado por los humanos, hay que recordar que todo es de él, siempre hay que consultarlo, nosotros no talamos un árbol, sin consultarlo antes—Me dijo con esa superioridad con que un maestro le lee un versículo del tratado de las buenas costumbres, los mil ritos y el correcto comportamiento a un aspirante a entrar a la burocracia imperial.

–Solo la ignorancia del rito correcto me ha impedido hacerlo—le respondí mostrando la bolsa de mis monedas, que cargo siempre para las verdaderas emergencias, mi traductor seguramente embelleció mi respuesta, porque el líder levantándose dio órdenes para preparar una consulta divina.

Al bárbaro dios de las tribus del país de los G’Han se le soborna con sangre y grasa de animales y algunas veces con frutas. Sus figurillas son de un anciano calvo con grandes colmillos y larga barba. Es de mal agüero lavar las piedras de sus altares, así que en verano nubes de moscas profanan los fétidos lugares santos del más rencoroso de los dioses, obligando a sus sacrificadores a usar matamoscas no para matarlas sino para espantarlas con mucha delicadeza, ya que una vez que alguien ha participado en el sacrificio sangriento es bendito por el dios mismo.

La luna brillaba indiferente al mundo de abajo cuando un animal que podría haber sido un chivo o un perro fue desangrado, el oficiante le mostró algo en el charco de sangre al líder y este pareció haber coincidido en la misma conclusión. Ambos discutieron brevemente algo y luego me miraron.

–Acérquese—me indicó—El Dios dice que va a ganar la batalla mañana, pero que le va a parecer demasiado fácil y va a tener razón, las batallas se van a ir complicando y morirá en la cuarta.

La curiosidad me empujó como a un colegial a preguntar ¿qué puedo hacer para ganar y sobrevivir a la cuarta?

Ambos me miraron como se mira a un estúpido y el oficiante contestó: No pelearla. Usted solo ganará tres batallas más, en la cuarta morirá.

Mi traductor embelleció mi despedida, mi ordenanza recuperó su brillo y sus armas, me retiré apresurado, tenía que sellar muchas órdenes.

Después de tres batallas más, en las que el enemigo estuvo a punto de derrotarme, el emperador me quitó el mando de mi ejército; sigo siendo general pero mi tropa es de escribas, nunca más he vuelto a consultar al dios de los G’Han. Algunas noches, cuando camino el insomnio entre los polvorientos pasillos del archivo imperial, busco a la luna y le confieso que yo qué sé que el destino de todos está escrito en un papel del archivo imperial, a veces creo que también lo puedo consultar en unas mugrientas piedras.

 

VABM 06 de julio de 2014

Martes olvidados

Martes olvidados

Martes olvidados

patos volando
sobre el reflejo de un ocaso
sobre un río que yo amo

la feliz vida
de quien no ha despertado
animalito acostumbrado

tu y yo
nos hemos cruzado
no nos hemos saludado

tu yo tenemos en común
un montón
de martes olvidados

me hubiera gustado
enviarte una transferencia
para que te la hubieras gastado

frotándote con animalitas fatales
bajo una lámina de zinc
manchada de sangre

de anónimas moscas
acostumbradas
inocentes y fatales

en la ciudad del pecado
de no amar
a quien está a tu lado

Para Steven
VABM 05/07/14

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