Archivos diarios: octubre 6, 2015

Corazón de pollo

Mientras alrededor suyo, la gente hacía lo que se suponía, que debería estar haciendo él también, se había quedado paralizado.

Miraba a su almuerzo como recomienda el “tratado de las costumbres que se deben elogiar”, se deben aceptar las cosas en las que no podemos influir; como los seres del cielo, los caprichos del mar y las sorpresas de debajo de la tierra.

El azar le había descubierto un corazón de pollo en el fondo de su plato de sopa, y estaba mirando sus venitas verdes y sus acumulaciones de grasa amarilla, como es encomiable observar a la más aciaga configuración de estrellas: con la más optimista esperanza.

Crema de verduras, Crema de verduras, Crema de verduras
Eso fue lo que pedí, repetía como un mantra, pero ni la sopa, ni mucho menos el corazón de pollo, desaparecian de su vista.

La situación ameritaba un examen de la felicidad, asi que procedió:

–Te gusta estar donde estás?

Una foto de Bora-Bora que tenía guardada en su subconsciente acudió al llamado de la infelicidad, pero fue descartada inmediatamente, por ser considerada como excesiva y estrafalaria; porque todo el mundo sabe que exigirse demasiado es fatal para la felicidad.

–Si, me gusta este restaurante, son clientes mios, les vendí los puntos de venta y el sistema de contabilidad.

–Estás con quienes quieres estar?
–Si, tengo una reunión en una hora y necesito estar solo para prepararme.

Estás haciendo lo que te gusta?

–Si, soy un genio de las ventas porque me preparo muy bien antes de las reuniones.

–Lo que estás haciendo le puede causar mal a alguien?

–No, ya el pollo está muerto. — se respondió casi sonriendo– A veces creo que que debería comer solo frutas y sembrar las semillas, pero eso será cuando me retire.

–No me duele nada, no tengo ni frío mi calor, y hasta donde sé, todo me funciona.

–Tienes algún indicio de que algo de esto pueda cambiar para mal?

–Nooo.

Entonces !Ta Tarata Ta! Estás en la felicidad, –se dijo mientras tapaba el corazón de pollo con las verduras de la sopa y se obligaba a tomar algunas cucharadas, mientras esperaba a que le trajeran el segundo plato.

Que, como ya supone todo el mundo, incluía corazones de pollo.

Yo lo conozco muy bien, muchas veces almorzamos juntos en esa misma mesa, y muchas veces me convenció de haber aprobado el examen de la felicidad.

Yo creo que una pequeña broma entre amigos, no puede causar a nadie ninguna infelicidad.

Lo que quizá le pueda molestar es que, cuando se reúna conmigo más tarde, descubra que convencí al gerente del restaurante de que a mi amigo le encantaba el corazón de pollo, y de que se cambiara para el sistema que vendo ahora.

Espero que él también se cambie de marca y que seamos socios.
Este texto lo escribo mientras lo veo mirar un plato de corazones de pollo, yo también me preparo antes de las reuniones de negocios; eso y un montón de cosas las aprendí de él.

Creo que su mejor lección me la dio cuando llamándome “corazón de pollo” me motivó a aceptar una oportunidad laboral en una empresa; que espero que dentro de poco no la considere como de la competencia.

Para Elia
VABM 6/Oct/2015

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