El color de la tarde

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El color de la tarde
El autobús se detuvo y la mujer bajó, en la acera miró hacia el cielo. El día moría, rosado su último estertor teñía las nubes del color del chianti de una región de Italia que le quedaba ahora en otro planeta, o por lo menos en una vida anterior.

Como llego a la estación san Ignacio?– le preguntó a una pareja de policías que se sorprendieron de que no los saludara primero, pero su rudeza los confundió y ambos respondieron– esta es la estación san Ignacio señora y ambos apuntaron sus índices derechos hacia la entrada sur, casi vacía en esos momentos.

No les agradeció y se dirigió hacia la estación. El color de la tarde era ahora rojo, el cielo se incendiaba al final del oeste.

Su teléfono repicó y contestó sin revisar quien la llamaba– si, alo– dijo y una voz que al principio no reconoció le preguntó con asombro — en que problema te metiste ahora? Donde estas ahora? Porqué no fuiste a la oficina hoy? Porqué no contestas el teléfono?
Ella terminó la llamada, apagó el aparato que le pidió que le confirmara que realmente quería apagarlo y abriéndolo le sacó el SIM que pisoteó con placer y arrojó con disimulo el teléfono abierto a la primera cesta para basura que encontró.

En los diez años que tenía sin usar el subterráneo de esa ciudad seguramente habrían ocurrido muchos cambios, pero ella no los notó y fácilmente adquirió su boleto y viendo el mapa de estaciones encontró la ruta hacia su destino; tenía que hacer dos trasbordos, pero sin muchas dudas se dirigió al andén apropiado.

La tarde estaba afuera muriéndose mientras ella miraba con atención pero disimuladamente en el reflejo del vidrio de la ventana a la gente a su alrededor.

Salió a la noche, el frío viento la golpeó, ella subió el cierre de su chaqueta y poniendose los guantes mientras cruzaba la calle se encaminó hacia el sur.

La avenida era un estancado río de carros, cuyos conductores se detestaban.

Desde la acera en frente inspeccionó el edificio. El mismo negro de siempre, con su uniforme de almirante de la flota intergaláctica, abriéndole puertas a la misma gente de siempre. La misma tranquila rutina del edificio seguía aseverando que “aquí nunca pasa nada”, la eterna cola de carros tratando de encontrar lugar en la acera para estacionarse, el mismo cartelito de “lleno” en la entrada del estacionamiento, y el mismo chorro de viento, encausado por los edificios, seguía llevándose la basura hacia las calles más cercanas al río.

Cruzó rápido la calle, le tiró de lejos un beso al negro, dándose cuenta de lo viejo que siempre había sido y de que no la había reconocido.

La luna no había salido esa noche.
Veinte y cinco pasos hasta el ascensor, tres minutos hasta el piso quince, siempre lo mismo, pensó.
Segunda puerta hacia la derecha, tenía la llave preparada pero por la costumbre tocó el timbre. Nadie abrió.

Seguramente el viento aullaba ya.
Abrió la puerta y notó un cambio, era la primera vez en cuarenta años que entraba a esa casa con las luces apagadas. No quiso entrar antes de fumarse un cigarrillo, había comprado una caja para él, para cuando saliera de la clínica, y le robó uno como siempre.

En alguna estrella ocurría un cataclismo cuando ella prendió las luces y fue al baño a orinar y deshacerse de la colilla.

Entró a su cuarto y estaba igual que como lo había encontrado el diciembre de hacia dos años. Tiró su bolso en su cama, miró por su ventana a la ciudad sobrellevar otra noche, no quiso acostarse porque sabía que tenía que entrar al cuarto de él, pero se quitó los zapatos y arruinándose las medias salió de su cuarto y dobló hacia la derecha con los ojos cerrados y por si acaso le dio tres golpecitos a la puerta y luego entró al vacío, se asomó por la ventana de él, a ver las ventanas de los demás, viendo a la ciudad sobrellevar otra noche màs y le fue imposible resistir la tentación de fumar.

En el baño de él sobre el lavamanos estaba abierta la puerta con espejo del gabinete y no resistió el impulso de abrir y oler su colonia para después de afeitar. Aún olía igual.

Afuera la noche le hacia lo mismo que le hacía siempre a la ciudad a esa hora. No se quiso acostar en la cama de él, decidió darse una vuelta por la cocina, se comió las últimas tres aceitunas de un frasco que encontró en la nevera, y se hizo café como si fuera para él.

Se lavó las manos en el lavaplatos y se dirigió a el cuarto de trabajo de él, tenía que encontrar una póliza de seguros, un testamento y leerse todos los documentos de carácter legal que encontrara. No podía perder tiempo en fotos ni en recuerdos, pero una vieja computadora llamó su atención, estaba encendida.

A la noche le faltaba mucho aún y la ciudad se lo tomaba con calma, solo algunos carros se movían más rápido de lo normal.

Con la fecha de su nacimiento al revés pudo entrar al sistema, abrió el correo y varios sitios muy fácilmente porque todos los programas guardaban las claves.
El historial de búsquedas era casi todo relacionado con la medicina.

Ni una sola flota extraterrestre se molestaba en perturbar la noche de la ciudad, ni siquiera un misil, ni un incendio, ni ninguna sirena, ni ambulancia la quería librar de la tarea de curiosear la computadora de su recién fallecido padre, cosa que él nunca le había permitido hacer el montón de veces que ella había tenido interés.

Pero ahora que estaba obligada a hacerlo, ansiaba algún grito o por lo menos un ladrido como excusa, para levantarse.

En alguna parte del disco duro de esa computadora, o en algún secreto archivo de la www podría encontrar alguna foto de los tres, ella, su padre y su abuelo siendo egoistamente felices al margen del mundo que esperaba paciente la venganza del lago hirviente de azufre reservado para los inicuos, que todo el mundo sabía, menos ella, hasta que se lo contó un abogado, hacía mas de quince años durante el entierro del abuelo.

Era la parte de la noche en la que a todo el mundo, hasta los perros, los gatos les dan ganas de bostezar.

Decidió dejar todo para el próximo día, decidió también jugar en esa máquina como siempre había querido hacer, y fumarse todos los cigarrillos que le diera la gana, y aprovechar el inmenso ancho de banda de que disponía la conexión de esa casa, pero venció la máquina de escribir del abuelo con su no tan disimulada oferta de diversión estrafalaria.

Le sorprendió la suavidad de las teclas comparada con el ruido de los golpes, y que su padre la mantuviera siempre limpia y lista, a pesar de que alguna vez se había referido a ella como un anacrónico recuerdo de tu abuelo, que era así mismo un anacronismo.

Escribió un montón de veces “como microbios en un grano de arena” y como en la quinceaba vez, no se equivocó. En otra hoja escribió muchas veces “somos pequeños y fugaces” y luego de haber llenado varias páginas con “el color de la tarde” también decidió hacer un bello incendio con todo el papel que había despilfarrado y con ella adentro, pero lo vulgar y desconsiderado de ese tipo de suicidio le hizo desechar esa idea.

Notó que tenía entre el índice y el corazón una colilla con el filtro ya quemado y decidió tirarla por la ventana –como le tenía prohibido rotundamente su padre–.

Cuando abrió la ventana, la brisa fría la despertó a otro día, que ya se anunciaba con un resplandor rojizo a su este.

Por un momento quiso escribir ” el sol incendia el inicio del este del cielo” pero su cuerpo le pidió más café y cigarrillos, asi que fue a la cocina y recargó su taza y con los cuatro cigarrillos que le quedaban en la cajetilla se dispuso a disfrutar el espectáculo que ofrecía el sol en las mañanas en las fachadas de cristal de los edificios del centro financiero de la ciudad como muchas veces hizo con su padre y su abuelo y casi sonrió cuando pensó que ya no corría peligro de caerse si abría la ventana, pero corría peligro de que un impulso irreprimido la llevara a arrojarse por ella.

Luego fue a la máquina de escribir de su abuelo y escribió por ambos lados en todas las páginas que le quedaban, sin detenerse y sin repasar.

En la página final, que guardó en su cartera doblada con mucho cuidado y casi cariño, estaban al final estas seis líneas:

Ya amaneció otro día
Y aún estoy viva

Y tengo ganas de averiguar
Que me va a pasar

En la ciudad del incendio virtual
En sus fachadas de cristal

Se tiró en la cama que había sido de ellos, luego de él, y ahora de ella, con la idea de reposar cinco minutos — como siempre decían ambos– pero cuando el sol ablandaba verticalmente el asfalto que impermeabilizaba los techos de la ciudad, ella roncaba aún, como lo había heredado de ambos.

Desde una nave espacial que pasara cerca se podría ver el incendio del cielo sobre la ciudad

Para Elia y Edgar
VABM 11/jun/2016

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Acerca de victor a. bueno m

Personal details Victor A. Bueno M. ♂ Email address: victor.bueno13@gmail.com calle el diamante Nros 20-f los flores de catia, caracas Venezuela Nationality: Venezuela Tel (prívate): x58-416-214.85.59 Tel (mobile): x58-414- 900.90.81 Marital status: Registered partner No. of children: 2 Date of birth : 04.03.1959 Summary formed the people, interconnected the equipment, optized the processes on three venezuelan branches of global companies, specialist in social networks and groupware (open exchange, msm exchange, novell groupwise, motorola good system, etc) and on mobilizing systems since palmOS, academic formation on oil economics. A lot of experience in manage IT infrastructure change projects. Author of 9 e-books of urban poetry. Education 06.1987 - 12.1990 msc. hydrocarbon economics, ucv (Economy / Finance - College / University, Master's degree) No thesis (Average grade: 18/20) 06.1977 - 12.1982 systems engineer, unexpo (IT - College / University, Bachelor's degree) (Average grade: 7/9) Positions 09.2003 - ---> cio, Deltor Ag (Sector:IT, Specialization:Project Management, Role:Self- employed) window-linux integration projects Groupware open-xchange, SuSE Debian 03.2000 - 06.2003 cso, italcambio (Sector:Bank / Finance / Credit, Specialization:IT Management, Role:Executive Officer) IT security manager 09.1996 - 03.2000 cio, Deltor AG (Sector:IT, Specialization:IT Management, Role:Management) PalmOs to MSSQL server synchronization programs to mobilize sales applications 01.1990 - 09.1996 cio, Danzas-DHL (Sector:Transport / Distribution, Specialization:Application Development, Role:Specialist knowledge responsible) Venezuela IT manager Languages: Spanish Oral: Excellent. Written: Excellent English Oral: Good. Written: Good Special field IT projects Management Role Specialist knowledge Responsible

Publicado el junio 11, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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