Las empanadas de la madrugada de Caracas


Las empanadas de la madrugada de Caracas
Algunas mañanas de sabados, Caracas era un montón de calles llenas de basura.

Un valle al lado de una montaña casi doméstica.

Una competencia por el carro más bello y la mujer más bonita.

Pero ante todo Caracas era una recién descubierta manera de engordar con comida callejera.

Él había caído preso ante el encanto de los perritos con algo grasiento que los vendedores colombianos aseveraban que eran papitas fritas molidas, y reverenciaba al señor que oficiaba el rito de los ca-cri con picadillo de cebollin, tomate y cilantro.

Demás está decir que cada vez que iba al mercado de Catia, seguía el sacramento de los bollitos con guasacaca y el del chicharrón guisado con papas y morcilla.

Y que cuando pasaba por el silencio no pelaba las parrilleras, ni las ventas de cachapas de hoja.

Pocas veces cedió ante la insistente tentación de las polleras de portugueses con su sencillo y primitivo mojito de ajo en vinagre.

Aunque el tao de los perros de la drugstore de chacaito, era un nirvana solo superado por el banana split del gran café, no perdió la oportunidad de bautizarse en la secta de la pizza y el pasticho de la royal y de los cachitos, pastelitos de jamón con queso amarillo y los golfiados con queso de mano en la panadería que seguía a continuación. Claro que ayudado con medio litro de chicha.

A él le encantaba caminar en la madrugada entre gente inhóspita y huraña, buscando a la cachapera ideal para tratar de secuestrarla, a punta de real, para algún hotelito de macuto, y convertirla a la religión de los adoradores del sol naranja o semiamarillo, sobre tablas de windsurf olorosas a mariguana.

Caminaba al lado de asesinos y sádicos que regresaban de sus trabajos ahítos y cansados.

Caminaba porque casi todos los dias había huelga de taxis, de autobuses, o de cualquier otra vaina que impidiera que la gente normal se pudiera desplazar con comodidad y tranquilidad por su querida ciudad.

–Eso me lo aprendí del discurso del presidente de turno en ese momento. Nunca olvido ese discurso porque añadió, cuando apagaron las cámaras: me hacen arrechar otra vez y los voy a joder.

Putas feas con el maquillaje empantanado en sus caras en las que las arrugas mostraban una verdad que ya era imposible represar.

Gente que repetía linea por línea en sus vidas los diálogos de telenovelas repetidas y extendidas.

Extranjeros dedicados a ganar dinero debajo de una cascada de desprecio.

Y claro, montones de astutos ladrones que aparentaban trabajar en los ministerios.

Y por supuesto, perros realengos muy mimados y bellos.

El se daba su recorrido por el nuevo circo, esquivaba al terminal de autobuses, y se iba directo a los burdeles. A la salida de cada uno había una señora vendiendo bollitos de chicharrón.

Usualmente eran 3×2= casi nueve, con las ñapas, todo con café y guarapo de papelón.

Después se iba para las areperas, a arrancar en serio la comedera.

Arrancaba siempre con una de chipi chipi. Había una tripa secreta a la que le gustaba acumular arena de la caribe mar. Luego le montaba encima una de camarones y una de pulpo, para sentir al mar, desde arriba y atrás del ávila.

Luego el guayanés, el carupanero, la crineja, el atún,el perico, el chicharrón, el bacalao, los huevos de codorniz, y el queso amarillo con jamón daban paso a las necesarias molida y mechada. Culminaba con el rito de la reina pepiada, todo abundantemente irrigado con merengadas de piña, parchita, lechosa y mango.

Algunas veces pedía ojo de vaca. Solo por la energía liquida del vino Sansón.

Y luego atravesaba el túnel vegetal del parque de los caobos.

A los malandros les daba lástima joder a un guevón tan gordo.

Luego la arepera después de la sinagoga acogía a los infieles con arepas de pernil y con un cómplice shalom de arepas de dulce morcilla.

Todo eso era en preparación de los burdeles finos.

Después las hamburguesas, tequeños, platanos asados, y choripanes de sabanagrande, chacaito y la calle de los hoteles.

Cuando llegaba a chacaito a almorzar ya estaba cansado de caminar.

Nunca se había quejado del boulevard.

Estoico había soportado los barrizales del metro, y la invasión de pelabolas de Petare a sus santuarios burdelisticos de sabanagrande, debido a un demagogico pasaje de solo dos bolos hasta las once.

Nunca lo había usado porque él jamás se iba a juntar con tanta gente subterránemente.

Las costillitas de cochino guisadas, la costilla guisada con papas, las negritas refritas con suero y claro el consuetudinario mondongo, lo esperaban en chacaito, como las putas esperan a su taxista favorito.

Alegres pero hastiadas y cansadas, en una relación no carnal — nunca de antemano denegada– pero con una complicidad preacordada.

Muchos años después vino un guevón que descubrió que “es tan divino vivir y comer” y para el colmo lo ponían en el radio todos los días a cada rato desde octubre hasta enero.

Pero ya él se había hecho el bypass.

Por fin era talla 32 y M en las camisas, se había casado e iba a misa.

Un siquiatra, –por medio de una terapia que incluía palizas, descargas eléctricas y altas dosis de cocaína–, lo había convencido de que es más chévere que a uno le convenga algo y no que a uno le guste algo.

Ya el era recontra mariquísimo, trataba a todo el mundo, incluso a su mujer, de “usted”, hacia dieta, y trabajaba en un banco español. Y era masón de una secta de una isla casi griega.

A las doce se iba a dormir la siesta a la casa de su mamá , que le decía que tenia que seguir estudiando con un montón de mierda que creía que era el próximo paso en la evolución de la gerencia cibernética.

En una universidad en la que los calzoni daban ganas de vomitar, las empanadas daban lástima, y la única vez que comió en el comedor, se enfermó.

Pero como el sabía que es de sabios tenerle paciencia al lumpen, comía lo que le ponía su vieja para hacerla feliz y cuando se despertaba se daba una ducha, y luego pasaba un rato por la oficina, y después de la universidad se iba a su casa, donde lo esperaba su pareja con algo integral, bajo en calorías y mucha fibra, que no le gustaba mucho, pero que le convenía.

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 18/Oct/2017

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Acerca de victor a. bueno m

Personal details Victor A. Bueno M. ♂ Email address: victor.bueno13@gmail.com calle el diamante Nros 20-f los flores de catia, caracas Venezuela Nationality: Venezuela Tel (prívate): x58-416-214.85.59 Tel (mobile): x58-414- 900.90.81 Marital status: Registered partner No. of children: 2 Date of birth : 04.03.1959 Summary formed the people, interconnected the equipment, optized the processes on three venezuelan branches of global companies, specialist in social networks and groupware (open exchange, msm exchange, novell groupwise, motorola good system, etc) and on mobilizing systems since palmOS, academic formation on oil economics. A lot of experience in manage IT infrastructure change projects. Author of 9 e-books of urban poetry. Education 06.1987 - 12.1990 msc. hydrocarbon economics, ucv (Economy / Finance - College / University, Master's degree) No thesis (Average grade: 18/20) 06.1977 - 12.1982 systems engineer, unexpo (IT - College / University, Bachelor's degree) (Average grade: 7/9) Positions 09.2003 - ---> cio, Deltor Ag (Sector:IT, Specialization:Project Management, Role:Self- employed) window-linux integration projects Groupware open-xchange, SuSE Debian 03.2000 - 06.2003 cso, italcambio (Sector:Bank / Finance / Credit, Specialization:IT Management, Role:Executive Officer) IT security manager 09.1996 - 03.2000 cio, Deltor AG (Sector:IT, Specialization:IT Management, Role:Management) PalmOs to MSSQL server synchronization programs to mobilize sales applications 01.1990 - 09.1996 cio, Danzas-DHL (Sector:Transport / Distribution, Specialization:Application Development, Role:Specialist knowledge responsible) Venezuela IT manager Languages: Spanish Oral: Excellent. Written: Excellent English Oral: Good. Written: Good Special field IT projects Management Role Specialist knowledge Responsible

Publicado el diciembre 19, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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