Archivos Mensuales: enero 2017

El carnet de la papa

El carnet de la papa

Se precian las cosas

Por su escasez

Por su necesidad

Y por su avidez
Pero todo es inapreciable

Además de relativo
Y por supuesto que pasajero
¿¿para qué el dinero??

El carnet de la papa
Nunca te va a hacer quedar mal
Aunque después haya que pagar
Llévalo siempre en la cartera

Recárgalo cada quincena
O cuando puedas
Porque si te descuidas
Te puede quebrar

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 28/Ene/2017

Algunas tardes grises

Algunas tardes grises

El cambiante mundo
Tiene sus problemas
Yo con los míos
Tengo para llorar

Cuando muera
Girará a la misma velocidad
No se va a detener
Ni va a acelerar

Antes de que naciera
Estaba mal
Cuando muera
Seguirá igual

La cambiante gente
Tiene sus problemas
Yo con los mios
Tengo para regalar

Algunas tardes grises
No me provoca ni hablar
Me dejo llevar por la marea
Me recuesto en las cuerdas

En el mar de la indiferencia
Se ahoga quien se desespera
Quien pierde la paciencia
Quien no puede esperar
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 24/Ene/2017

Al igual que las hormigas

Al igual que las hormigas

No me gusta mi vida
Solo la esperanza
La cobardía
La curiosidad
Y la humildad

Me ayudan
A soportar otro día
Debajo del sol
Y la mutable luna
Al igual que las hormigas

Y por supuesto
El humilde agradecimiento
Por poder escribir esto
Por estar vivo
Sin que me duela nada

Porque automáticamente
Todo me funcione
Por no conocer a otra
Que me guste más
Que la común vida mía

Creo que estoy casado
Con esta mi vida
Sin envidia
No voy a misa
Pero creo que lo haría

Si me quedara libre un momento
En el continuo asombro
De que pueda entender un poco
De la imparcial causalidad
De lo que llamamos tragedia
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 21/Ene/2017

Gente intoxicada

Gente intoxicada

Alcohol en la sangre
Hormonas y endorfinas
Alcaloides y cafeína
Nicotina y adrenalina

Aún la gente camina
Navega aceras y calles
Bajo el sol y la luna amarilla
Saca a pasear a su estupidez

Reluce su avaricia
Su pobre vida mezquina
Esperanzada en impresionar
A alguna vecina

Un perro neurótico
Orina en la basura
Nos miramos de pasada
Ninguno de los dos pide ayuda

Luego seguimos por la acera
Cada quien aislado en su miseria
Al lado de una montaña doméstica
En un valle que agoniza

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 21/Ene/2016

Adios

Adiós 

Llueve el mundo
Llora la montaña
Tu te has ido

Pájaro solo
Que regresas al nido
Soy tu amigo

La felicidad
Esa rara levedad
Ya no volverá

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 21/Ene/2017

Otra noche

Otra noche

El cielo rosa
Se hunde en la noche
Muere un día
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 16/Ene/2017

Retire su tarjeta para continuar la operación

Retire su tarjeta para continuar la operación
La fría y pertinaz lluvia le había encharcado los zapatos.

En sus audífonos una canción le machacaba el cerebro repitiendo cada dos segundos:

“About people, something about people”

No recordaba si ya había retirado los últimos cuatro mil que le quedaban.

Entró a la sala de telecajeros, hizo la cola, introdujo su tarjeta, entró su clave, seleccionó la operación, entró el monto, no quiso ver el saldo porque sabía que sería 0 en cualquier caso, entró los dos últimos dígitos de su número de cédula, cruzó los dedos y esperó.

La máquina le indicó que debía retirar su tarjeta para continuar con su operación.

Él acató la orden que más le encantaba acatar.

El sonido de billetes girando en la contadora atenuó la canción, y hasta oyó cuando una voz femenina le indicó que no se olvidara de la tarjeta.

Sacó los billetes y puso una mitad en la cartera y la otra en el bolsillo derecho del pantalón, como hacía muchos años le había enseñado su papa.

Afuera la lluvia continuaba igual de fría y de pertinaz.

Se dirigió al mismo carrito de perros calientes de siempre, y le dijo al vendedor lo mismo que le decía siempre: deme uno, sin cebolla, por favor.

Al tercer mordizco añadió: hágame el favor de darme otro.

Repitió la operación tres veces.

Pagó y se dirigió a la estación del metro que siempre tomaba a esa hora los días laborables. Se fumó un cigarro antes de entrar.

Ya en su casa, antes de quitarse el pantalón, contó el dinero que le quedaba y la cuenta no le cuadró.

Le faltaban casi mil.

Siempre había sospechado que el telecajero lo robaba, pero nunca contaba el dinero que recibía, y siempre la cuenta
no le cuadraba.

La próxima vez los cuento –se dijo como se decía siempre– pero nunca lo hacía, porque siempre había gente esperando para usar el telecajero, porque es peligroso contar dinero en sitios públicos, y porque además no tendría a quien reclamarle.

Repitiendo su rutina de todos los días a las 9 p.m. terminó de guardar la ropa, y se metió desnudo en su cama.

Cinco minutos antes de dormirse se acordó de que había comprado cigarrillos, pero estaba tan cansado que no quiso levantarse a buscarlos.

Seguro mañana me acuerdo de otra cosa que compré –se dijo antes de quedarse dormido.

Siempre hago lo mismo–se dijo.

Pero hasta la lluvia se ha puesto predecible, porque últimamente llueve todos los días a las 5 p. m. –continuó.

Afuera la lluvia continuaba igual de fría y pertinaz, pero eso a él ya no le importó.

Soño que llovía coca-cola.

La lluvia cesó a las 11:56 p.m. Pero a esa hora él soñaba que tenía los zapatos encharcados de refresco.

Tenía mucho tiempo soñando con refrescos, pero él nunca recordaba sus sueños.

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 20/Ene/2017

El día en que murió el tercer emperador de la dinastía T’zhi

El día en que murió el tercer emperador de la dinastía T’zhi

Con la pedrada su cráneo sonó adentro, como suena al romperse, una vasija de barro.

Mareado se asombró de la ausencia del dolor. Vio venir una carga de la caballería enemiga, pero necesitó sentarse.

Sintió una desaceleración del tiempo, el mundo se le movía lento. Le dio sueño, supo que estaba muriendo, y no le importó.

Cada vez que entraba en batalla escudriñaba al cielo en búsqueda de indicios y señales de lo que vendría.

Ese día no había percibido nada anormal.

Decepcionado notó que el día de su muerte fuera tan indistinguible de los demás que le había tocado vivir.

La gloria me ha sido esquiva, pero he sido ajeno a la infamia–pensó–No he sufrido la opulencia, pero tampoco la miseria. Hay algo gris en mí, que es tibio y anónimo, vulgar y común; pero aún soy emperador. Uno entre los pocos, soy menos mísero que casi todos mis súbditos.

Este día, sin nada especial, no puede ser el de mi muerte — se dijo a sí mismo– moriré un domingo con lluvia, será gris y frío. En la noche el viento rugirá mi despedida, y las estrellas temblarán más pequeñas y frías.

Una adivina había predicho que viviría una vida larga, llena paz y rodeado de gente que le temía y necesitaba.

Esa adivina, que había sido su abuela materna, era legendaria por lo acertado de sus predicciones.

No moriré en este día luminoso de fresca brisa, en el planean los zamuros sin ganas de aterrizar–se dijo así mismo, mientras alguien le quitaba las botas y el yelmo.

Alguien, seguramente un partidario de un bando enemigo, le preguntaba insistentemente su nombre. Él quiso decirle hasta su nombre secreto, pero las palabras no le salían.

La calma lo abandonó cuando se supo en la tienda de un partidario de su sobrino mayor, y cuando notó que no se podía levantar del regio lecho donde reposaba.

Quiso gritar órdenes, pero sólo pudo emitir ruidos ininteligibles, mientras un esclavo, de alguien muy rico de la secta azul –sus más temibles adversarios– le daba de comer.

He cometido errores–pensó– pero han sido involuntarios, y siempre he sido él menos perjudicado por ellos. Comparados con la tragedia de quedar paralítico y mudo en la tienda de mi peor enemigo, todos han sido eficaces y eficientes aciertos

Afuera de la tienda el día seguía igual de amable. Altas nubes, espesas, dispersas y lentas, sin la menor intención de llover, sombreaban la tierra.

Faltaban aún algunos años, para que en una noche de estrellas pequeñas y frías, el viento rugiera alaridos de tristeza por su muerte física; pero ese mismo día murió como emperador y lo sucedió su sobrino mayor.
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 14/Ene/2017

El jabalí del maestro San

El jabalí del maestro San
Con una avidez y curiosidad similar a la que puede sufrir un adolescente por el cuerpo de una mujer bella, mi amigo San recorre nuestra ciudad.

Sus acuarelas, crónicas, e historias reflejan y preservan para la posteridad el momento actual de nuestra ciudad.

Juntos aprendimos a pintar. Yo me interesé por plato de frutas, él por una plaza, desde ahí comenzaron a divergir nuestros caminos artísticos. Aún somos vecinos y charlamos frecuentemente.

El mercado, el cementerio, el basurero, la zona de los burdeles, el cuartel, el parque imperial y la plaza central, han sido objeto de sus esfuerzos. Yo he durado años en una sola ave. Una pata de saltamontes me ha agotado mucho tiempo.

Discutimos con frecuencia, no comparto su curiosidad por la gente, sus rutinas y el lugar donde las realizan.

Él prefiere registrar la superficial actividad social. Ambos sabemos que somos incapaces de percibir la realidad.

Ninguno de los dos perdemos tiempo en porqués.

No tengo su amabilidad, comparado con él, soy huraño. Jamás pintaré un templo, nunca me verán hablando con un carnicero.

Hemos llegado a viejos siendo amigos, por que nos toleramos las diferencias.

Siento un gran respeto por su empatía, y por su amor a nuestra ciudad. Que yo personalmente soporto solo tomando vacaciones fuera de ella cada vez que puedo.

El emperador le acaba de mandar un regalo, me invitó a su casa a disfrutarlo. Fue un delicioso jabalí. Podría haber trabajado varios años interpretando sus colmillos y pelambre.

Él indagó su origen, el método de su muerte, el medio de transporte del cadáver hasta su casa y el nombre del arquero que lo cazó, hablando con los emisarios del emperador.

Quizá motivado por la gran cantidad de vino que ingerimos, me dice que le gustaría saber el nombre del jabalí.

Yo le respondo que como animal salvaje, muy probablemente no haya sido jamás llamado por ningún humano, lo que no es el caso de los animales domesticados.

Ambos jugamos, delante de los demás comensales, a simular que ignoramos que ambos hablamos del nombre en el que debería ese jabalí haber sido catalogado en el inventario imperial.

Llamémoslo jabal 456723 le digo, y el propone un brindis de despedida para su amigo 456723. Todos en la mesa reímos.

Luego él se interesa por la forma de la rodilla de una común amiga, y yo por un colmillo del jabalí, que está en un plato a dos lugares de mí.

Cada uno hace su mejor esfuerzo durante una parte de la noche para obtener el objeto de su curiosidad.

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 15/Ene/2017

Otro falso cuento chino

Otro falso cuento chino

Un jet atrona en el cielo al oriente, su estela se ve rosa desde donde estoy.

Una gorda golondrina cierra el día, pronto el cielo de aquí será de los murciélagos, y luego será de la luna y de las estrellas.

Me gustaría tomar ron con café, pero se me acabaron ambos.

Desear genera infelicidad, porque…

1. Solo se desea de verdad, lo que no se tiene.

2. Se obtiene lo que se puede, con los recursos que se tienen.

3. Se puede lo que se quiere, con mucho esfuerzo, y si se tiene un poco de suerte.

4. Y cuando se tiene lo que se obtiene, se desea otra vez lo que no se tiene.

5. Y así hasta que uno se muere.

Pero parece que a los condenados, una piadosa membrana nictitante los protege del resplandor de la realidad.

Así que escribo esto para que me de sueño, pero no tengo.

Quiero revisar la cocina, para ver que encuentro, pero la silla me atrae a una aceleración de 9.8 m/s2 y no lo logro.

Deben ser como las ocho y no logro levantarme, y se me acaba de ocurrir un cuento en el que un general del ejercito imperial tiene un ataque de sinceridad, y le da por confesar que fue un asaltante antes de entrar a la carrera militar.

Así que forma a su tropa y le explica que ahora saquea para el emperador, pero que antes saqueaba por cuenta propia.

Les confiesa también que se aburre mucho.

Su tropa espera la moraleja o la conclusión, pero él los desbanda.

Un coronel se le acerca y le pide órdenes, pero él no sabe que decir.

Se va a su tienda, se sienta y espera a que se le ocurra algo. Se queda dormido y sueña que su casa es invadida por tropas extranjeras.

Al sonar el clarín reúne a tropa y le explica que deben invadir a un país vecino, solo por precaución.

Es mejor saquear que ser saqueado, les dice convencido. Mejor si es para el emperador, porque les lleva la civilización.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

NdA: hasta que pude escribir un cuento con colorín colorado y todo.
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

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