Archivos diarios: enero 13, 2017

Otro falso cuento chino

Otro falso cuento chino

Un jet atrona en el cielo al oriente, su estela se ve rosa desde donde estoy.

Una gorda golondrina cierra el día, pronto el cielo de aquí será de los murciélagos, y luego será de la luna y de las estrellas.

Me gustaría tomar ron con café, pero se me acabaron ambos.

Desear genera infelicidad, porque…

1. Solo se desea de verdad, lo que no se tiene.

2. Se obtiene lo que se puede, con los recursos que se tienen.

3. Se puede lo que se quiere, con mucho esfuerzo, y si se tiene un poco de suerte.

4. Y cuando se tiene lo que se obtiene, se desea otra vez lo que no se tiene.

5. Y así hasta que uno se muere.

Pero parece que a los condenados, una piadosa membrana nictitante los protege del resplandor de la realidad.

Así que escribo esto para que me de sueño, pero no tengo.

Quiero revisar la cocina, para ver que encuentro, pero la silla me atrae a una aceleración de 9.8 m/s2 y no lo logro.

Deben ser como las ocho y no logro levantarme, y se me acaba de ocurrir un cuento en el que un general del ejercito imperial tiene un ataque de sinceridad, y le da por confesar que fue un asaltante antes de entrar a la carrera militar.

Así que forma a su tropa y le explica que ahora saquea para el emperador, pero que antes saqueaba por cuenta propia.

Les confiesa también que se aburre mucho.

Su tropa espera la moraleja o la conclusión, pero él los desbanda.

Un coronel se le acerca y le pide órdenes, pero él no sabe que decir.

Se va a su tienda, se sienta y espera a que se le ocurra algo. Se queda dormido y sueña que su casa es invadida por tropas extranjeras.

Al sonar el clarín reúne a tropa y le explica que deben invadir a un país vecino, solo por precaución.

Es mejor saquear que ser saqueado, les dice convencido. Mejor si es para el emperador, porque les lleva la civilización.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

NdA: hasta que pude escribir un cuento con colorín colorado y todo.
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

Cuentos de mi aldea

Cuentos de mi aldea

Un ave sola
Regresa al ocaso
No tiene nido

Hay un camino
Que cruza mi aldea
Es mi camino

Me gusta verla
De lejos es más real
Mi madre también

La princesa Lin
Puede creer que estoy
En la montaña

Pero no estoy
Porque eso fue antes
Tomé camino

Un ave sola
Camina su camino
Nido a cuestas
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

Luna

Luna

Flota burbuja
Esfera de materia
En el mar del Tao
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

Consejo del maestro para combatir a la inflación

Consejo del maestro para combatir a la inflación

Y el maestro dijo: que los precios suben, es un hecho, y que nunca bajan, también. El problema, como siempre, es la conclusión que saque cada quien.

La gravedad, la atraccion de los seres, o la curvatura del espacio, como prefieran enfocarlo, es un hecho también; pero los precios pertenecen al mundo artificial, a la realidad del humano.

El pescador subirá sus precios cuando sepa que te aumentaron el sueldo. Y él también es súbdito del emperador, así que también tiene derecho a que se le aumente el sueldo.

¿entonces que hacemos para frenar esta espiral inflacionaria? Gritó alguien desde la multitud.

Muy sencillo, respondió el maestro –Un luminoso halo rodeaba su cuerpo– la corte es más cercana al emperador que el pescador, aumentémonos el sueldo, pero en secreto. Solo tendríamos que cuidarnos de los obstentadores imprudentes.

Un luminoso halo cubrió a la multitud de funcionarios que se aglomeraba en la plaza, que exhaló un ¡Ahhhhh!. Que alejó a las nubes que amenazaban con lluvia a la capital imperial.

Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

Una visita al taller del maestro San

Una visita al taller del maestro San

El maestro San me muestra sus golondrinas, solo para lograr el azul de sus lomos ha mezclado barriles de tinta, pero lo ha logrado. Sus golondrinas tienen el color verdadero.

En la entrada de su laboratorio hay una enorme jaula con un loro sólo, es el único que he visto con esa combinación de colores, — es un regalo del emperador—me indica orgulloso.

–Moriré tratando de encontrar el verdadero color de su pico, aliento la esperanza de que alguien lo vea y se proponga la tarea de ayudarme a compensar al emperador con el retrato de ese loro que alguien tuvo, no sé con que intención, la idea de extraer de la selva de una isla del mar del sur—continúa, entristeciéndose un poco, así que cambio de tema.

Le pregunto por sus bosquejos y le ruego el honor de dejarme admirarlos, aunque varios de sus ayudantes, que son espías nuestros, nos han informado que se encarga personalmente de quemarlos.

Él accede y me muestra sus ensayos de alas y cabezas. ¡Gloriosos!

Le entrego su salario, mis ayudantes ya han pagado a sus ayudantes que también son ayudantes del emperador.

Como regalo de despedida me deja entrever, mientras lo enrolla, su despacho anual para el emperador. Tres golondrinas volando en un ocaso dorado, en el que se adivina en la lejanía la montaña celestial que abruma mi vida, con su apabullante presencia, en la capital imperial.

Me despide en la salida de su taller, ambos ignoramos al loro, que canta como loco, seguramente clamando por su almuerzo.

Maestros calígrafos me formaron.

Oficio el arte de los escribas, pero me dicta la imaginación.

Sé que cuando digo “golondrina” las menciono a todas; las que han habido, y las que habrá.

Mi tinta es de letras y signos, mi lienzo de papel.

Mi escenario es casi secreto, como el de un rito íntimo.

Mis manuscritos asechan a algún curioso,–como anzuelos oxidados y sin carnada–, en un polvoriento anaquel de un pasillo secundario de la biblioteca imperial. En ellos también hay golondrinas, ocasos dorados, y la montaña imperial tiene cuentos completos.

Es una lástima que el maestro San solo vea en mí a un burócrata. Me hubiera encantantado haber compartido con él algunas copas del vino de su país, que induce al canto en grupo, genera camaradería y tiene más colores que el loro que le regaló el emperador, aunque todos son rojos.

Tiene su encanto, si embargo, ser un burócrata más. Me queda tiempo hasta para escribir, mientras envío a los polvorientos pasillos de la biblioteca imperial tesoros a ser preservados, hasta que alguien los reclame y acuse al emperador de saqueador.
Para Elia y Edgar
Li Tao Po
VABM 12/Ene/2017

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