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¿Que le traes al emperador?

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¿Que le traes al emperador?

Las mercancías y alguna gente entran a la capital del imperio por su puerta norte. La entrada este es para los altos dignatarios, la oeste es para la tropa y los funcionarios. La basura se excreta casi con pudor y asco mal disimulado por la puerta sur.

El saludo de la puerta norte es: ¿Que le traes al emperador? En mil dialectos e idiomas ese saludo es respondido arrojando el diezmo de la carga a los aduaneros. Así que lingotes de oro y panelas de sal se deslizan de las cabalgaduras y las carretas hacia los funcionarios de una burocracia que intuitivamente deduce que hacer con los tributos; sean estos una pieza de jade o un pájaro canoro de plumaje gris.

¿Como saben que el emperador quiere el pájaro para aparearlo con uno igual que tiene desfalleciendo de soledad y que quiere que la pieza de jade sea entregada al tallador que es sobrino de un guardia? Es muy fácil responder a esta pregunta tan larga y muchas otras más, diciendo que toda la ciudad trabaja para el emperador. No solo sus habitantes humanos y animales, sino también cada tabla de cada edificio y cada mata de cada parque.

Así que aun si el pájaro de bello canto pero de apagado plumaje lograra escaparse de la jaula dentro de la ciudad, más temprano que tarde terminará apareándose con el pájaro que el emperador quiso, y una vez tallada la pieza de jade, la joya encontrará su camino hacia el cofre de la querida que el emperador sabe que es su legítima dueña.

Nadie duda que la burocracia es efectiva para lograr los objetivos asignados por el emperador y que se esfuerza constantemente para lograrlos en el menor tiempo posible. Con las mercancías y los mercaderes se ha logrado desde hace tiempo ubicar antes de una semana cada cosa en el lugar apropiado. Con los dignatarios, las tropas, los funcionarios y la basura, el tiempo es mucho menor.

Pero si un general trata de ingresar por la puerta norte a la capital imperial vestido como un bárbaro y cabalgando un dromedario cargado con sacos de guano, el aparato burocrático tendrá dificultades para asignarle el lugar apropiado; porque es muy probable que el aduanero no sepa leer el salvoconducto del general, pero crea saber el destino más apropiado para el diezmo de sus pertenencias y también es muy probable que el centinela de guardia crea que el lugar más apropiado para el general es la cárcel, si este se resiste a pagar el arancel imperial.

Todo el mundo sabe que el lugar apropiado para los aduaneros y los guardias que saben leer es la puerta este.

Se dice que la cárcel imperial es el reflejo de la ciudad y eso es casi excesivamente cierto y también es cierto que como todo reflejo es invertido. Así por ejemplo la cárcel funciona para que no se cumplan ninguno de los deseos de los pocos (tres o cuatro, en todo caso menos de cinco) emperadores que han tenido la desgracia de caer presos, pero funciona para hacer realidad hasta el más indescifrable deseo de alguien que afuera de ella era un maloliente mendigo que escarbaba su comida en la basura antes de que esta saliera por la puerta sur.

A quienes el verdugo les niega un fin indoloro y rápido, la cárcel sólo les priva de su derecho a salir de ella por el lapso que dure su sentencia y quedan en libertad de hacer lo que más les guste los recursos de que dispongan.

Hay muy pocas cosas que tiene su lugar apropiado en la cárcel.

No está descartado que pueda pasar, pero hasta ahora nunca ha sucedido, que algo que esté en la cárcel, esté fuera de su lugar.

¿Que hacen los habitantes libres de la capital?: Tratar de poner las cosas en su apropiado lugar.

¿Que hacen los habitantes de la cárcel imperial?: Nada, porque ellos y sus pertenencias ya están en el lugar apropiado.

¿En que ocupan sus mentes los habitantes libres de la capital cuando no están trabajando para encontrarle el lugar apropiado a las cosas?: En soñar.

¿Que hacen los presos cuando se despiertan?: Resolver sus necesidades. Que solo son abrigo y comida; que si no se las manda su familia, es muy poco probable que puedan hacer algo en la cárcel para conseguirlas. Así que pueden dedicarse a la irrealidad con la mayor tranquilidad la mayor parte del día.

Pueden jugar y ganar o perder mil batallas en un tablero o una cancha, con una pelota, un cincel, una pluma o un pincel; también pueden sembrar en un macetero o criar animales en pequeñas jaulas, y hasta volar cometas si son lo suficientemente ágiles y fuertes para estar en un sitio donde haya viento en la cárcel, y claro pueden soñar despiertos sin hacer absolutamente nada.

¿Con que sueña la gente libre?: Con lo que no tiene.

¿Con que sueña los presos?: Con lo que no tienen; pero como lo que tienen es muy poco, entonces sueñan muchísimo más.

Ellos sueñan con las cosas como fueron o como pueden llegar a ser. Como son o como no son. Como ellos quisieran que fueran o como no les gustaría que fueran.

¿Que se hace para soñar cuando ya no se puede dormir?: De eso se encargan los médicos que han encontrado la medicina apropiada para cada tipo de sueño deseado. Por ejemplo:

Hay gente a la que le gusta creer que el mundo es bello, entonces hay para ellos una medicina que les hace soñarlo bello con los ojos abiertos.

Hay gente a la que le gusta creer que el mundo es horrible, entonces hay para ellos una medicina que les hace soñarlo horrible con los ojos abiertos.

En el peor de los casos si te aburres de todo, entonces hay muchas medicinas que te pueden ayudar, uno solo tiene que habituarse a ellas y de ahí en adelante tendrás todo el tiempo ocupado tratando de conseguir tu dosis, que se siempre se incrementará, y obtendrás un gran placer consumiéndola.

Así que para cada tipo de sueño existe una medicina apropiada; estas medicinas son de uso ilegal fuera de la cárcel, pero una vez que estas preso nadie te va a sacar de ahí para volver a apresarte por usarlas.

El general nunca aprendió a pintar, le parecían muy irreales todas pinturas que había visto y le parecía estúpido multiplicar la irrealidad. Tampoco tenía talento para la música, ni condición física para los juegos con pelota, ni paciencia para los juegos de tablero. Así que se decidió por la escritura, que es muy barata y cómoda de ejercitar.

En la cárcel el general encontró gente que creía que el mundo estaba ya escrito en un libro, el mundo con su pasado, presente y futuro. Encontró gente que creía que el mundo estaba escribiendo un libro y que cada segundo le añade un capítulo. También encontró gente que creía que el mundo tiene un manual de uso y a otros que lo estaban escribiendo.

También encontró gente que nunca había leído ningún libro y gente que había escrito algunos.

A quienes nunca pudo tolerar más de un minuto fue a quienes pensaban que el mundo es un libro.

En fin, para no alargar más este cuento, el general pudo encontrar a su familia por intermedio de un guardia de la cárcel que había sido de su tropa y pudo dedicarse a escribir irrealidades con relativa comodidad mientras duró su proceso judicial.

Cierto día soñó despierto que el emperador del cielo le ordenaba que escribiera un libro que tuviera por tesis que todo lo que se escribe es para que algún día alguien logre describir cómo se vería el universo en un imposible espejo que no invierta el reflejo.

A mi me contrató para ayudarle como escriba por mi buena caligrafía.

No se si al emperador del cielo o al azar ciego debemos que el general haya logrado su libertad a tiempo y que lo único que perduró de su intento es este cuento.

VABM Mayo 9 del 2013

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